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martes, 12 de marzo de 2019

"la autora" ya no está: se fue al mundo del revés para observarnos desde arriba de un jacarandá

"apaguense las nuevas luces del viejo Varieté...por la atención les damos gracias, que cierren el telón, que bajen luz de escena, aquí hay alma en pena. Hasta la próxima función"
(María Elena Walsh - febrero 1, 1930-enero 10, 2011-)


Mis niñas,

¿recuerdan todas las veces que imaginamos a la reina batata sentada en su trono de lata y las que le dibujaron a la mona Jacinta que se ha puesto una cinta porque quiere ser reina? ¿ o cuántas veces fuimos juntas a París para verle a Manuelita ya sin arrugas o viajamos en cuatrimotor vistiendo el mameluco de Osías?

¿Recuerdan las veces que nos reímos cuando la gaviota pescó al salchicha como un camarón? Y tu, mi niña, repetías que el que se vaya a la playa desconfíe de un viaje en avión para después jugar a buscar a la manteca tras de una tostada a la hora de tomar el te en tetera de porcelana cuidando que la nariz no se te caiga adentro de la taza?

Y "yo no sé por qué", pero ella tenía esa magia de hacer que se la oiga sin importar que ya no tenías añoymedio, o tres; o que ya llegabas a los diez cuando tu hermana ya había cumplido las quince. Y que, incluso más de una vez cantamos a coro, en Quito, junto a tus abuelos "había una vez un brujito en Bulubú", en honor al abuelo-doctor que manejaba al ritmo de esa canción.

Y así como ambas crecieron con las canciones de ella, yo crecí con ustedes al ritmo del mono liso, con coraje y con valor, ese que ambas me infundían y me infunden, haciendo caso omiso a ese "tenemos miedo de andar a tientas" y mutuamente diciéndonos "Animo nos daremos a cada paso, animo compartiendo la sed y el vaso" con la energía que tenía la naranja que iba de la sala al comedor diciendo "no me tires con cuchillo, tírame con tenedor" como en el reino del revés donde los gatos dicen yes... "vamos a ver como es" que crecimos las tres y todavía hay momentos en que nos encontramos en ese tiempo en que un año dura un mes.

Y hoy vengo a contarles con tristeza que ella ya no está, por lo menos en su país, el que se parece al mío porque tiene la esperanza interminable y donde el idioma de infancia es un secreto entre los dos, entre élla y él o entre el mío y yo. Se fue, dicen, al reino del revés, y dicen también que va montada en caballos de ajedrez.

Me refiero a ella, la que nos contó todos esos cuentos, la que se imaginó todas esas canciones para quedarse en nuestro imaginario y en nuestros corazones, en los de otros niños, de otras madres, de millones de nietos, incluso en los de aquellos a los que aun les buscan sus abuelos, acompañados de sus canciones, las de ella, en ese país en el que "la autora se preocupó por la infancia, pero jamás pensó que iba a vivir en un país jardín de infantes", en el que "la autora está muy cansada...por compartir el peso de la frustración generalizada, porque es célula de todo un organismo social y no aislada partícula, porque más que la imagen del país en el exterior le importa y duele el cuerpo de ese país por dentro. Y porque no es una revolucionaria, pero está muy cansada, no se exilia sino que se va a llorar sentada en el cordón de la vereda con un único consuelo, el de los zonzos" y que dice que "todos tenemos el lápiz roto y una descomunal goma de borrar ya incrustada en el cerebro. Pataleamos y lloramos hasta formar un inmenso río de mocos que va a dar a la mar de lágrimas y sangre que supimos conseguir en esta castigadora tierra"

Y porque eso le dolió siempre con la misma intensidad que amo contar canciones y cantarlas, es que decidió irse en el verano cuando las flores celestes se hacen presentes para reírse con las cosquillas que le hace ahora el viento a ella y no al jacarandá...

Recordémosla, mis niñas, en sus canciones y poemas, en sus historias...en su voz.

Muchos besos para ambas,

mamá


Serenata para la tierra de uno

Porque me duele si me quedo
pero me muero si me voy,
por todo y a pesar de todo, mi amor,
yo quiero vivir en vos.
Por tu decencia de vidala
y por tu escándalo de sol,
por tu verano con jazmines, mi amor,
yo quiero vivir en vos.
Porque el idioma de infancia
es un secreto entre los dos,
porque le diste reparo
al desarraigo de mi corazón.
Por tus antiguas rebeldías
y por la edad de tu dolor,
por tu esperanza interminable, mi amor,
yo quiero vivir en vos.
Para sembrarte de guitarra,
para cuidarte en cada flor
y odiar a los que te castigan, mi amor,
yo quiero vivir en vos.




La Pena De Muerte

Fui lapidada por adúltera. Mi esposo, que tenía manceba en casa y fuera de ella, arrojó la primera piedra, autorizado por los doctores de la ley y a la vista de mis hijos.
Me arrojaron a los leones por profesar una religión diferente a la del Estado.
Fui condenada a la hoguera, culpable de tener tratos con el demonio encarnado en mi pobre cuzco negro, y por ser portadora de un lunar en la espalda, estigma demoníaco.
Fui descuartizado por rebelarme contra la autoridad colonial.
Fui condenado a la horca por encabezar una rebelión de siervos hambrientos. Mi señor era el brazo de la Justicia.
Fui quemado vivo por sostener teorías heréticas, merced a un contubernio católico-protestante.
Fui enviada a la guillotina porque mis Camaradas revolucionarios consideraron aberrante que propusiera incluir los Derechos de la Mujer entre los Derechos del Hombre.
Me fusilaron en medio de la pampa, a causa de una interna de unitarios.
Me fusilaron encinta, junto con mi amante sacerdote, a causa de una interna de federales.
Me suicidaron por escribir poesía burguesa y decadente.
Fui enviado a la silla eléctrica a los veinte años de mi edad, sin tiempo de arrepentirme o convertirme en un hombre de bien, como suele decirse de los embriones en el claustro materno.
Me arrearon a la cámara de gas por pertenecer a un pueblo distinto al de los verdugos.
Me condenaron de facto por imprimir libelos subversivos, arrojándome semivivo a una fosa común.
A lo largo de la historia, hombres doctos o brutales supieron con certeza qué delito merecía la pena capital. Siempre supieron que yo, no otro, era el culpable. Jamás dudaron de que el castigo era ejemplar. Cada vez que se alude a este escarmiento la Humanidad retrocede en cuatro patas


Canción del caminante
Porque el camino es árido y desalienta.
Porque tenemos miedo de andar a tientas
Porque esperando a solas poco se alcanza
Valen mas los temores que una esperanza

Dame la mano y vamos ya,
dame la mano y vamos ya.

Si por delicadeza perdí mi vida
Quiero ganar la tuya por decidida.
Porque el silencio es cruel peligroso el viaje
Yo te doy mi canción tu me das coraje.

Dame la mano y vamos ya,
dame la mano y vamos ya.

Animo nos daremos a cada paso
Animo compartiendo la sed y el vaso
Animo que aunque hayamos envejecido
Siempre el dolor parece recién nacido.

Dame la mano y vamos ya,
dame la mano y vamos ya.

Porque la vida es poca la muerte mucha
Porque no hay guerra pero sigue la lucha
Siempre nos separaron los que dominan
Pero sabemos que hoy eso se termina.

Dame la mano y vamos ya,
dame la mano y vamos ya.

Como la cigarra

Tantas veces me mataron,
tantas veces me morí,
sin embargo estoy aqui
resucitando.
Gracias doy a la desgracia
y a la mano con puñal
porque me mató tan mal,
y seguí cantando.

Cantando al sol como la cigarra
después de un año bajo la tierra,
igual que sobreviviente
que vuelve de la guerra.

Tantas veces me borraron,
tantas desaparecí,
a mi propio entierro fui
sola y llorando.
Hice un nudo en el pañuelo
pero me olvidé después
que no era la única vez,
y volví cantando.

Tantas veces te mataron,
tantas resucitarás,
tantas noches pasarás
desesperando.
A la hora del naufragio
y la de la oscuridad
alguien te rescatará
para ir cantando.


Orquesta De Señoritas

En sus mármoles y sus bronces
parecía la Chacarita
aquel viejo café del Once
con orquesta de señoritas.

Allá íbamos muchas tardes
una barra de juvenilia
a escucharlas desde el oscuro
reservado para familias.

En su palco las señoritas
repetían con todo esmero
pasodobles y rancheritas
que no daban para el puchero.

Eran rubias, llevaban flores
en el pelo y en la cintura.
Se movían como muñecas
con tristísima compostura.

Nadie supo de qué naufragio
las salvaba el conservatorio
para así ganarse la vida
de lloronas en un velorio.

Una noche se hicieron humo
de su palco descolorido
y tomaron, violín en bolsa,
un tranvía para el olvido.


Canción De Cuna Para Un Gobernante

Duerme tranquilamente que viene un sable
a vigilar tu sueño de gobernante.

América te acuna como una madre
con un brazo de rabia y otro de sangre.

Duerme con aspavientos, duerme y no mandes
que ya te están velando los estudiantes.

Duerme mientras arriba lloran las aves
y el lucero trabaja para la cárcel.

Hombres, niños, mujeres, es decir: nadie,
parece que no quieren que tú descanses.

Rozan con penas chicas tu sueño grande.
Cuando no piden casas, pretenden panes.

Gritan junto a tu cuna.
No te levantes aunque su grito diga: «Oíd, mortales».

Duermete oficialmente, sin preocuparte,
que sólo algunas piedras son responsables.

Que ya te están velando los estudiantes
y los lirios del campo no tienen hambre.

Y el lucero trabaja para la cárcel.




Balada Del Tiempo Perdido

“Yo dormía pero mi corazón velaba…”
Cantares

Como a sus vanas hojas
el tiempo me perdía.
Clavada a la madera de otro sueño
volaban sobre mí noches y días.

Poblándome de una
nostalgia distraída,
la tierra, el mar, me entraban en los ojos
y por ociosas lágrimas salían.

Cuántos papeles ciegos
en la tarde vacía.
Qué multitud de imágenes miradas
como a través de una mortal llovizna.

Entorpecidas sombras
en vez de manos mías,
de tanto enajenarse en los espejos,
todo lo que tocaba se moría.

Memorias y esperanzas
callaban su agonía:
un porfiado presente demoraba
siempre las mismas ramas amarillas.

Qué tiempo sin sentido
el que mi amor perdía.
Qué lamentable primavera inútil
haciendo en vano flores que se olvidan.

Pero mi corazón
velaba y no sabía.
Recuperada su pasión secreta
ahora enamorado resucita.

Y el tiempo que hoy me guarda
entre sus hojas vivas
es un tiempo feliz desde hace tantos
sueños que nacerán en la vigilia.




"Una noche, cuando están cada uno guardado en su silencio, suena de pronto un piano y se estremecen porque no es sonido de victrola, es un piano real tocado por dedos humanos, para colmo dedos virtuosos. Es el Estudio No 12 en do menor opus 10 de Chopin, dice Laura que para algo es mayor. María aprovecha el trance catatónico en que todos se han sumido y escapa a la calle para averiguar la procedencia del hechizo, el manantial en el páramo. Corre, da vuelta la esquina porque intuye que hay una cosa que nadie puede recuperar jamás: el no haber escapado de su casa (Miguel Hernández) y cree cuerpear distancias y peripecias, pero apenas ha dado vuelta a la esquina cuando llega a destino. Una casa hasta ayer deshabitada, de donde mana el río sonor y supone que una pianola loca se ha puesto a tocar sola o que un fantasma regresa del mundo de los abuelos muertos, porque nadie les comentó la mudanza de nuevos vecinos. Se desploma en el umbral mientras el Estudio recomienza una y otra vez, como un río, sí, pero un río de ida y vuelta, y al fin se disuelve en una escala y se funde con el silencio. María pasa largo rato fuera del tiempo hasta que imoniendo la curiosidad sobre la timidez o el temor, da tres fuertes golpes con el llamador de bronce, haciendo temblar la puerta destartalada.

Un aparecido poco más alto que ella le abre, portador de un farol que lo maquilla de sombras adustas que no pueden borrarle una sonrisa, Dios mío, una primera sonrisa como no vio jamás en un chico desconocido, y María se queda paralizada y muda y entonces el chico se señala y dice su nombre, algo así como Bodo. Ella a la vez se lleva el dedo al pecho y dice María, y el muchacho repite su nombre y con un ademán de gnomo le invita a entrar y no finge aires de sheriff ni torvedades de malevo precoz para impresionarla, y está vestido como los chicos de algunos libros o figurines viejos: pantalones demasiado cortos para su pubertad, botines que le recuerdan a los de Bernabó Dino, igual que la cabeza semirrapada, pero es justamente su contrafigura, no va a dar un topetazo ni un puntapié, le tiende la mano formalmente y no deja de reír y hablar en su indescifrable esperanto. Avanzan por el zaguán de paredes carcomidas donde asoman musgos y yuyos, arriban a una sala desnuda, amoblada sólo por una balumba de cajas, baúles, viruta de embalaje, maletas, ropas, restos de comida sobre papeles de diario.

De espaldas, sentado a un piano vertical, un hombre se vuelve y también saluda, como si la esperara; Bodo le explica algo ¿qué le explica? Es un hombre viejísimo, cubierto de arrugas, quizás un náufrago que ha pasado mucho tiempo en el agua aferrado al piano en medio del oleaje. Con un poco de esfuerzo puede parecerse a Leopoldo Stokowsky en "Cien Hombres y una Muchacha" aunque no vista el frac indispensable para la música clásica, sino un pantalón arratonado, con los tiradores flojos sobre una camisa indefinida. ¡Europa no nos manda a sus príncipes! El hombre le da la mano, se señala a sí mismo y dice professore, y para confirmar el título acaricia el teclado. María lo mira mejor y repara en que se va desarrugando o no es tan viejo, piensa que después de una imaginable odisea, pronto va a recuperar la tersura, no es posible que se aje como su padre. El professore y Bodo le hacen señas para que se acomode y María se sienta sobre un baúl en cuyas etiquetas procura descrifrar toponimias aprendidas en la filatelia, recupera su habilidad para jugar al oficio mudo, tan bien como con la familia checoeslovaca, esos Miroslav que se fueron al campo. Le cuenta avergonzada que no sabe tocar el piano y le calla que su hermana es casi una profesora como él, pero cuando irrumpe un Bodo bis se arrepiente de su mezquindad"
(de "Novios de Antaño")

lunes, 7 de diciembre de 2009

daniel baremboim: "Lo fantástico de la música es que da contenido físico a las pasiones"

Tomado de EL PAÍS




Han pasado ya 25 años desde que la ópera Carmen, de Bizet, tuvo los honores de inaugurar la temporada del teatro de La Scala de Milán. El 7 de diciembre de 1984 Claudio Abbado dirigió la orquesta y Piero Faggioni se hizo cargo de la puesta en escena, mientras Shirley Verrett y Plácido Domingo encarnaron los personajes de Carmen y Don José. El regreso de Carmen a Milán el día de San Ambrosio tiene esta tarde a Daniel Barenboim como protagonista de excepción, con la intención de que se vuelva a repetir el apoteósico éxito de Tristán e Isolda, de Wagner, de hace dos temporadas. La puesta en escena es de una directora de teatro siciliana, Emma Dante, debutante en la ópera, y el papel vocal protagonista lo encarna una soprano georgiana de 25 años, Anita Rachvelishvili, que aspiraba a asumir un papel secundario y ha visto cómo en la ópera el cuento de La Cenicienta se hace realidad cuando uno menos se espera. El tenor de moda, Jonas Kaufmann, le dará la réplica como Don José.

Hay un olor penetrante a tabaco en la habitación del teatro de La Scala de Milán donde se encuentra Daniel Barenboim a última hora de la tarde. El maestro ha estado ensayando durante todo el día y ha pedido una pausa de cinco minutos antes de entablar esta conversación. En ese intervalo no ha hecho gimnasia ni yoga. Se ha fumado un puro habano. El humo residual recuerda a la fábrica de tabacos del primer acto de Carmen.

Pregunta. Sevilla, Don Juan, Carmen, ¿qué lazos les unen?

Respuesta. (Suelta una sonora carcajada). La verdad es que Don Juan representa algo así como el libertinaje masculino y Carmen el movimiento por la libertad femenina. Más allá de eso no veo otras relaciones. Don Juan está más apoyado que Carmen por la tradición literaria. Bueno, a los dos les une Sevilla. Qué ciudad. Hay decenas de óperas que tienen que ver con ella. Hasta Fidelio, de Beethoven, imagínese. Es un signo que pone de relieve la importancia histórica de España en el mundo cultural.

P. ¿Ve usted Carmen como una ópera española o, más bien, francesa?

R. Mire, a los españoles no les va a gustar esto que voy a decir pues ellos la ven como muy suya. Yo pienso que Carmen es una ópera mestiza. La Habanera, uno de sus momentos más emblemáticos, procede de Cuba. De ahí la relación con la música africana es evidente. Hay un juego de correspondencias coloniales-mediterráneas. Yo creo que Bizet no fue consciente de ello. No era como Verdi que cuando compuso Aida investigó todo lo que encontró a su alcance sobre la música egipcia. Bizet, como muchos autores de su época, consideraba lo no europeo como exótico, sin valores morales ni intelectuales profundos. No vino a España para ambientarse en su Carmen, como tampoco fue a la India para componer Los pescadores de perlas. Hoy aceptamos las identidades diferentes con más naturalidad. En los años cincuenta o sesenta venía a dirigir a Europa un hindú como Zubin Mehta y se le consideraba un bicho raro. Hoy dirige Bruckner o Wagner y es lo más normal. Al menos en igualdad de oportunidades hemos avanzado.



P. El escritor sevillano Romero Murube decía que Merimée quería que a Carmen, como a los mitos y los héroes, la hiciesen suya en muchos lugares.

R. Y no le faltaba razón. Hoy tendemos a pensar que el ser humano ha progresado y en realidad lo ha hecho. En lo social y no digamos en lo tecnológico. Las formas de expresión han cambiado pero las preocupaciones, las angustias, permanecen y seguirán existiendo. Ninguna ópera tiene un mensaje único. Tiene una imagen para el momento en que es creada y otra que se va proyectando hacia la eternidad de manera cambiante. Bizet luchó por la mujer libre en Carmen, eso es evidente. Pero esto se ve hoy de otra manera. Que Carmen pueda ser de muchos lugares da al mito su dimensión universal.

P. ¿Y la música?

R. Lo fantástico de la música es que es todo y a la vez lo contrario. Quiero decir, permítame una frase tópica, que la música ríe con una lágrima y llora con una sonrisa. La música da un contenido físico a las pasiones del alma. Convierte lo metafísico en sensorial.

P. ¿Qué le interesa más de Carmen?

R. Es una ópera que adoro. Ya la dirigí en Berlín hace cinco años con una puesta en escena muy interesante de Martin Kusej. Lo que más me interesa es el conjunto, la combinación de la sensualidad, la crueldad con los niños, el mundo gitano, la mujer independiente, los problemas sociales, el triángulo banal de amores imposibles, el conflicto entre deber y libertad, la atracción fatal.

P. No cita la arena. ¿Le gustan las corridas de toros?

R. Nada. Son demasiado crueles. Bueno, en realidad, no he visto ninguna. A Rubinstein le encantaban.

P. Debuta con Carmen esta tarde una directora de escena que jamás ha hecho ópera.

R. El genio (y estoy midiendo el calificativo) de la siciliana Emma Dante está en que inventa situaciones que no tienen que ver con la narrativa al pie de la letra pero que, sin embargo, la clarifican. Hay una dimensión física muy importante en sus planteamientos. Sabemos en qué mundo estamos, qué día, qué hora, si hace calor o no. Me gusta mucho esta producción. Por su estética y por la componente teatral. Por la imaginación y por la capacidad de sugerencia. Le voy a poner un ejemplo. Antes de que suene una nota, cuando se levanta el telón, hay varios personajes abanicándose. Han comido, han bebido tal vez demasiado. Con esta imagen la directora nos pone ya en la atmósfera que desea y uno puede sentir en qué mundo está. Esta descripción visual aporta más a la obra que muchas ideas locas que hoy abundan en las direcciones de escena. La psicología es importante pero la definición del entorno lo es aún más si cabe.

P. Va a comenzar una nueva tetralogía wagneriana. ¿No le satura otra más?

R. Llevo desde 2002 sin dirigirla. Vamos a hacer una coproducción entre la Staatsoper de Berlín y el teatro de La Scala de Milán. Wagner es como mi compositor operístico de cabecera. El próximo miércoles hacemos aquí, en La Scala, un concierto de homenaje a Plácido Domingo con el primer acto de La Walkiria como recuerdo a sus 40 años de actuaciones en este teatro. Combinar El anillo del Nibelungo y Carmen no está mal. Al fin y al cabo se estrenaron con un año de diferencia.

miércoles, 15 de abril de 2009

Gaohu

un lugar pequeño lleno de mesas, dos faroles rojos con flecos dorados cuelgan del toldo sobre la puerta y la fila, formada por al menos 20 personas, se extiende desde una ventana que mira desde la cocina al comedor.

Verduras salteadas solas o con carne, acompañadas inevitablemente con una porción de arroz es el menú. Si no se le hace un gesto al cocinero, de marcado acento peruano, para que no sirva más, es capaz de llenar el plato primero con arroz y luego con las verduras hasta que se desborda.

Ella, a un costado de la ventana que da a la cocina tras una especie de mesón alto cobra y reparte recibos, mientras que a su lado uno de los ayudantes de la cocina, también peruano, sirve vasos de alguna bebida gaseosa.

El, solo mira desde una silla lateral y sonríe amablemente sin mirar a nadie, mientras el ambiente se inunda de sonidos suaves, algo tristes…sonidos diferentes.


De vez en cuando voy a comer ese lugar sin ningún lujo, limpio pero de mesa con manteles de tela algo envejecidos y cubiertos por un vidrio y sillas metálicas, más bien pobre y gastado. Ellos saludan con una leve inclinación de cabeza y sonríen acogedoramente cuando los miro. En general la gente no los mira. Los comensales, como la mayoría de comensales de este país, no miran a nadie, sólo al suelo o al frente sin fijar la mirada en nada y se dirigen a la ventana de la cocina con una bandeja en la que han acomodado un plato, un vaso.

Ella habla un poco más de castellano y hace cuentas a la perfección, en cambio él si es que conoce diez palabras es mucho, lo sé, una tarde pasé por ahí y le dirigí la palabra y sólo sonrió, ante mi insistencia levantó la voz y la llamó a ella, que estaba en la cocina, para que me atienda.

Cuando la fila ya se alarga por la vereda y las mesas están todas llenas, él se levanta y se acomoda cerca a donde su mujer cobra por la comida y con una delicadeza extrema toma el arco y toca el Gaohu (violín chino de tono alto y mas pequeño que el erhu ) que siempre tiene entre sus manos. Este es un pequeño instrumento con una caja de resonancia cuyo frente tiene piel de serpiente, un brazo vertical de bambú, dos clavijas y dos cuerdas y un arco que se desliza entre las cuerdas. El instrumento emite un sonido parecido al de un violín pero triste y el, con la música que suena de fondo lo hace sonar dulcemente mientras cierra los ojos y sonríe (lo imagino recordando a su hijo que vive en Suecia dedicado a la física).

No es puede ser mejor motivo para ir a ese lugar.





lunes, 17 de marzo de 2008

música

La escritura, lo que esté ligado a la información, el periodismo, lo que tenga que ver con medios y la música que es el motorcito que va por dentro imprimiento energía, soporte para no caer cuando estoy al borde y para caminar en armonía .

El mejor incentivo fueron las clases de "apreciación musical", cuando iba al instituto de música, con el franciscano catalán padre Jaime Manuel Mola, el único que tocaba el órgano de la Catedral, y dirigía el coro. Tenía 10 años y las clases de apreciación eran todo o lo más esperado, le mejor.

Un día tocó "Piccolo y Saxo", fue la pócima mágica que encendió el amor por la música, y fue determinante. La obra de André Popp sobre la historia de las familias de instrumentos, la historia de una orquesta, los que tenían vida propia, sonidos únicos fue una sucesión de emociones que aun las tengo presentes; el sonido del pequeño piccolo me envolvía y aún hora cuando lo escucho siento la misma emoción. Nunca más lo escuché, nunca lo conseguí y ahora también es una película que no he visto y me pregunto si tendrá toda la magia que la obra inicial tuvo.