ideas al vuelo. ¿cómo saber cuando algo deja de ser borrador? por Francisca de la Torre
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lunes, 5 de diciembre de 2011
"eso no pasa, eso queda" (los sapos)
Una tarde, en la casa de mis padres en Quito, cuando mi hija mayor tenía unos tres años, compartíamos en familia con un amigo de mi padre, el periodista de la entonces Unión Soviética, Vadim Poliakovski, representante de la revista "Za Rubezhom". Vadim contaba de las cosas que le habían llamado la atención en la excursión al Cotopaxi, de la que acababan de llegar ambos y mencionó a los jambatos, pequeños sapos negros con la panza amarilla que acarreaban a sus crías sobre la espalda.
Al oir la palabra "sapos" mi hija se puso muy nerviosa y me abrazó llorosa. Todos pensamos que se había asustado con el relato de los batracios, pero era tan intensa su reacción que inmediatemente me di cuenta que mas bien respondía a algo mucho más serio que en Chile nos rondaba y que, de no ser por esa anécdota, jamás me habría enterado que le había dejado huella.
Los "sapos" para ella no eran esos pequeños batracios que en las tardes de toda la vida en Quito croaban al cesar la lluvia; no, ese es el nombre que se les daba a los soplones, a aquellos que denunciaban a otras personas en los tiempos de la dictadura en Chile y en nuestro entorno esa era una palabra que con cierta frecuencia sonaba. Ella a su corta edad, y no porque le hubiéramos dicho algo al respecto, había captado ese temor oculto que la eventual presencia de un "sapo" significaba para tantas personas. Les expliqué a todos lo que ocurría y a raíz del impacto de su reacción ese fue el tema de conversación, debido a la impresión que causó en todos nosotros, con el que terminamos el día.
Al tiempo de eso Vadim le envió a mi padre lo que él habías escrito en su revista al regreso a Moscú. En esa nota relataba, muy impresionado, lo que había pasado con mi hija y analizaba como el lenguaje cotidiano, en un medio represivo, podía marcar y de que forma a los niños que crecían en él.
Aun ahora, y cuando ella ya tiene 28 años, al recordar esa tarde y lo sucedido me invade una sensación fuerte y extraña y siento esa misma angustia que sentí entonces al darme cuenta de cómo a mi hija, y a tantos niños, les estaba dejando una huella profunda incluso el lenguaje que usábamos al vivir esa anormalidad cotidiana, que parecía, era lo normal.
¿cómo saber cuando algo deja de ser borrador?
miércoles, 7 de septiembre de 2011
no es justo
algo que agobia es el bombardeo de los medios sobre los detalles del accidente del avión en la Isla Juan Fernández; ese morbo que de rato en rato despliegan y que se repite a lo largo, no de un día, sino de tres. Se entiende que duela y produzca tristeza, se entiende el golpe y que se piense en ellos y se les recuerde ¿pero es necesario tanto? ¿Es justo para sus amigos, familiares, padres e hijos tener que oír tantas veces lo mismo?
Es triste e impacta. Veintiún vidas que en instantes desaparecen bajo el mar y no se sabe más de ellas. Silencio, no porque hay que guardar un minuto, sino porque es la única forma de intentar asimilar el que esas cosas pasan. Que una vez más pasan.
Cuando niña muchas veces comí en la casa de Alicia, en realidad era la de sus padres y yo iba a ver a su hermana menor, mi amiga, Lo especial de quedarse a comer allí era ver como Alicia comía cada alimento por separado. Nunca los mezclaba. La observaba con la misma atención con la que miraba su pelo rubio y sus ojos celestes, transparentes, iguales a los de su padre, amigo de toda la vida de mis tíos, de mi padre, de la familia.
Ellos se fueron a vivir a Washington y ella ya adulta se casó con un español. Viajaron al Ecuador para que él conozca y cuando volaban a Cuenca el avión se estrelló. Son tantos años o más de los que tiene mi hija mayor, pero cuando la recuerdo y pienso no dejo de sentir esa misma tristeza y angustia de entonces, por ellos, por sus padres y hermanos y por el pequeño que quedó, que ahora es ya un hombre grande.
Si, es en ese dolor de los que sufren la repentina ausencia en lo que se piensa: hijos, parejas, hermanos, madres y padres. Y cuando ese bombardeo incesante se repite en todos los medios, más se piensa en ellos, sobretodo cuando se encargan de resaltar la posibilidad, una y otra vez, de que no los encontrarán.
Si, hasta esta noche son desaparecidos. Ojalá que los encuentren, por la tranquilidad de sus familias y de un Chile entero que siente el impacto. Porque no es justo para un país tener más desaparecidos, sea por accidentes o porque hubo quienes desde la cobardía, por pensar distinto y defender sus ideas, los arrancaron de sus casas y dejaron hijos, madres y padres, parejas y hermanos abatidos, entre otras cosas, porque aun no pueden enterrar a sus seres queridos…y de eso casi ni se habla.
No es justo.
(*) esto lo publiqué anoche en http://www.tumblr.com/tumblelog/ideasenborrador
¿cómo saber cuando algo deja de ser borrador?
Es triste e impacta. Veintiún vidas que en instantes desaparecen bajo el mar y no se sabe más de ellas. Silencio, no porque hay que guardar un minuto, sino porque es la única forma de intentar asimilar el que esas cosas pasan. Que una vez más pasan.
Cuando niña muchas veces comí en la casa de Alicia, en realidad era la de sus padres y yo iba a ver a su hermana menor, mi amiga, Lo especial de quedarse a comer allí era ver como Alicia comía cada alimento por separado. Nunca los mezclaba. La observaba con la misma atención con la que miraba su pelo rubio y sus ojos celestes, transparentes, iguales a los de su padre, amigo de toda la vida de mis tíos, de mi padre, de la familia.
Ellos se fueron a vivir a Washington y ella ya adulta se casó con un español. Viajaron al Ecuador para que él conozca y cuando volaban a Cuenca el avión se estrelló. Son tantos años o más de los que tiene mi hija mayor, pero cuando la recuerdo y pienso no dejo de sentir esa misma tristeza y angustia de entonces, por ellos, por sus padres y hermanos y por el pequeño que quedó, que ahora es ya un hombre grande.
Si, es en ese dolor de los que sufren la repentina ausencia en lo que se piensa: hijos, parejas, hermanos, madres y padres. Y cuando ese bombardeo incesante se repite en todos los medios, más se piensa en ellos, sobretodo cuando se encargan de resaltar la posibilidad, una y otra vez, de que no los encontrarán.
Si, hasta esta noche son desaparecidos. Ojalá que los encuentren, por la tranquilidad de sus familias y de un Chile entero que siente el impacto. Porque no es justo para un país tener más desaparecidos, sea por accidentes o porque hubo quienes desde la cobardía, por pensar distinto y defender sus ideas, los arrancaron de sus casas y dejaron hijos, madres y padres, parejas y hermanos abatidos, entre otras cosas, porque aun no pueden enterrar a sus seres queridos…y de eso casi ni se habla.
No es justo.
(*) esto lo publiqué anoche en http://www.tumblr.com/tumblelog/ideasenborrador
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